Por Esdras da Silva Oliveira Barbosa

Si existe otra enfermedad que comparte su nombre con algún sentimiento que le pueda surgir a uno cuando su equipo pierde un partido de básquet, el que les habla la desconoce. Me imagino que en esta línea de pensamiento a todos se le viene La Rabia a la mente. Aquí en la isla casi todos jugamos al básquet desde niños y pienso que nadie se pone contento al perder; yo, además, me dedico al estudio de la medicina y tengo ese mismo sentimiento cuando no me va bien en un examen.

Empecé hace poco las rotaciones por internación y tuve el privilegio de conocer al señor Pau Casals. Ya había escuchado que había un gran violonchelista español viviendo aquí en Puerto Rico, pero no tenía idea de la importancia de este señor en la historia de la música. Por una semana yo fui el interno (como son llamados los estudiantes que están en el internado rotatorio, los últimos años de la carrera) responsable de los controles vitales del señor Casals. Su estado de salud no era de los mejores, teniendo en cuenta, también, que nació en el invierno de 1876 y casi completaba 95 años de edad.

Por curiosidad todas las mañanas yo le preguntaba un poco sobre su vida y conversábamos. De todas sus historias, la que más me sorprendió fue el hecho haber sobrevivido a la mordedura de un perro rabioso y de haber sido uno de los primeros tratados por la vacuna terapéutica desarrollada por Pasteur. Confieso: no soy un gran amante de la música clásica.

La Rabia es una enfermedad producida por un virus del genero Lyssavirus y puede infectar a todos los mamíferos. Al hombre es trasmitida generalmente por la mordedura de perros, como fue el caso del señor Casals en su niñez. Muy peligrosa, la Rabia ha sido 100% mortal hasta los años 80 del siglo XIX cuando, por primera vez, el Dr. Louis Pasteur experimentó exitosamente una vacuna terapéutica en Joseph Meister, un niño de 9 años de edad que había sido mordido por un perro rabioso y que fue llevado a Paris por sus padres para ser tratado con la vacuna del Dr. Pasteur. Ese tratamiento exitoso se hizo tan famoso que fue la base para el establecimiento del Instituto Pasteur. Aproximadamente dos años después de lo ocurrido con el joven Meister, Pau Casals padeció lo mismo. Sus padres lo llevaron a Barcelona, donde también se empezaba a experimentar con la vacuna de Pasteur; que una vez más demostró su eficacia, para la alegría de los amantes de la música. Podríamos, inclusive, decir que Pasteur contribuyó a la historia de la música.


Se estima que actualmente mueren 55 mil personas al año por Rabia en el mundo; predominantemente en regiones de bajos recursos. La vacuna es recomendada a todos los que profesional o accidentalmente puedan entrar en contacto con animales rabiosos. A su vez, ante el contacto con animales rabiosos por parte de personas no vacunados, estas deben ser vacunadas según el esquema de 5 dosis en 28 días con intervalos variables. Se aplica por vía intramuscular en adultos y niños que caminan; y en el muslo en bebés.

Le pregunté al señor Casals si se acordaba de algún efecto adverso o si dolía; y no se acordaba. Lo único que se acordaba era de la desesperación de sus padres y de haber recibido muchas inyecciones. Para un niño, 5 inyecciones en menos de un mes es mucho; me comentó mi paciente, posteriormente también amigo.


Los efectos adversos de la vacuna antirrábica son casi que los clásicos de la vacunas; dolor, hinchazón y enrojecimiento en el sitio de aplicación. Con poca frecuencia puede haber cefaleas, náuseas, dolor abdominal, dolores musculares y febrícula. Y los únicos que no deben recibir la vacuna de pre exposición son aquellos con fiebre mayor a 38 grados en las 24 horas previas a la aplicación de la vacuna o que presenten hipersensibilidad a alguno de sus componentes. 

El señor Casals falleció hace pocos días, a los 96 años; y gracias a Pasteur, no de Rabia. España todavía vive bajo el régimen de Francisco Franco y por eso su cuerpo fue sepultado en el Cementerio Nacional de Puerto Rico, aquí en San Juan. Me pongo contento al recordar que lo he conocido y que gracias a él, por un lado, nunca me olvidaré de la importancia de las vacunas; y por otro, he empezado a estudiar música.

*El autor de este cuento basado en hechos reales es médico, cursó sus estudios en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, y actualmente se encuentra trabajando en su Brasil natal.

Compartir

Notas Relacionadas

Comentarios

Aun no hay comentarios, sé el primero en escribir uno!

Escribir un comentario »